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¿Es la mujer igual al hombre?

Creo que las situaciones que vivimos como mujeres a lo largo de nuestras vidas nos han dirigido a convertirnos en mujeres fuertes, autosuficientes, lejanas a una idea de mujer débil o “ignorante”, claro, porque no lo somos. Pero ¿es ser madre una labor indigna? ¿por qué cumplir ciertos roles que parecen insignificantes ante el mundo?

Escuché la historia de una mujer que contaba:

“Recuerdo alguna vez llegar a casa después de un largo día escolar y sentir desde el tercer piso un olor peculiar, ¡definitivamente era mi comida favorita! Llegué al quinto piso y sinceramente no lo podía creer, ¡el olor provenía exactamente de mi puerta! y enseguida pasó algo que me marcó para siempre… al otro lado de la puerta estaba una mujer preparando la comida favorita de sus hijos, un día entre semana a las 3 de la tarde. Una mujer divorciada que tuvo que abandonar a sus pequeños de 5 y 7 años cada día para irse a trabajar, pero esa tarde, después de varios años de no tenerla en casa como antes, estaba allí recordándoles viejos tiempos, haciéndoles saber que no estaban solos y que la protección, cuidado y amor de su madre estaban presentes y no se habían terminado ese diciembre del 95 cuando su esposo se fue de casa. Disfruté como nunca de ese almuerzo y no podía quitar la mirada de ella. Era como algo mágico e imposible. Mi casa fue nuevamente un hogar y su voz iluminaba todo el espacio que usualmente frío y callado recorríamos mi hermano y yo cada tarde”.

Resulta difícil no conmoverse con esta historia y pasó en la vida real, de hecho, la niña que corrió hasta el último piso para comprobar si era cierta su ilusión de encontrar a su madre en casa, era yo.

El mundo necesita mujeres

Mujeres, el mundo ha querido convertirnos en luchadoras de una guerra interminable e innecesaria de “igualdad” contra los hombres cuando ya somos iguales a ellos en valor. Hay una lucha que sí debemos enfrentar y es la lucha por los derechos humanos, por la igualdad de oportunidades, pero me avergüenzo de las veces que menosprecié el alcance de la labor de aquellas mujeres que se han dedicado a su hogar (con todo lo que eso conlleva). Creo que una sola de esas mujeres logró más abrazando a un niño que lo que logré yo con pancartas en la calle porque ellas han encontrado una manera de cambiar el mundo educando a los hombres del mañana. Hoy es notorio que la lucha por ser iguales no es la misma lucha que inició con la intención de obtener los mismos derechos. Son dos cosas diferentes. Iguales YA SOMOS, con roles distintos pero derechos humanos olvidados, con la violencia a flor de piel, es cierto, es una realidad, y por eso sí hay que luchar.

El problema, mujeres, es que estamos desprestigiando y rechazando una labor hermosa, ¿qué tiene de malo o diferente trabajar por cambiar el mundo desde tu casa junto a tus hijos? finalmente estás haciendo algo importante para el Señor, o ¿qué hay de ti? ¿Cuál fue tu primer contacto con el mundo que te rodea? ¿Quién te enseñó los valores que tienes? ¿Y los que no tienes fueron ausencia de alguien? es fuerte esto, pero las familias necesitan a una mujer, así como las oficinas necesitan mujeres, el Gobierno necesita mujeres, el mundo necesita mujeres, pero no mujeres que quieran imitar a los hombres ni su labor, porque saben y disfrutan de ser DIFERENTES, y a su vez conocen con certeza que se complementan entre sí. ¿Cuál es el afán por parecernos a ellos?

Que si el hombre es fuerte, entonces yo también; que si yo cocino es malo; que si él trabaja y yo no, es terrible; ¿qué día empezaste a poner tu valor en lo que haces y no en lo que eres -una hija de Dios-?

Mujeres, por tercera vez, si el hombre fue puesto como cabeza no significa que nosotras seamos los pies. No significa que él sea más que nosotras, no significa que tenga más valor. Para Dios tenemos el mismo valor porque somos obra de sus manos y a todo lo que Él ha hecho lo ha llamado “bueno en gran manera”, ¡bendito sea el día en el que a Dios se le ocurrió crearnos tan distintos!

Esto te lo escribe una mujer que no quiere tener hijos, que trabaja y ha conseguido todo sola. Solo dime una cosa, ¿hay menos valor en las mujeres que eligen ser amas de casa? ¿Crees que las mujeres con esta labor se sienten inconformes de hacerla? la respuesta es: no. Luchemos por las que no pueden, ayudemos a las que nos necesitan, orientemos a las que están siendo maltratadas, pero dejemos de pensar que ser mujer es sinónimo de debilidad o ser ama de casa es sinónimo de injusticia porque realmente hay mujeres que disfrutan haciéndolo. No todas somos iguales ni todas soñamos las mismas cosas y eso está perfecto. Las mujeres tenemos mucho poder por el simple hecho de ser mujeres. Empoderarnos es ser exactamente lo que ya somos. 

🌺 Hay un libro que va a encantarte y que me ayudó mucho a entender el diseño de la mujer. Aún sigo en ese proceso. Espero te ayude:

Por Diseño – Susan Hunt

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