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Confía, ríndete, descansa

Qué fácil resulta alejarse poco a poco de la búsqueda del gozo en el Señor. 

Nos consumen la rutina, el cansancio, el día a día, las ocupaciones…

Pero Dios nos atrae porque se ha convertido, desde hace tiempo atrás, en lo más irresistible a nuestros ojos. El corazón salta, la respiración se acelera, escuchas su nombre y todo da un vuelco por dentro de ti, tanto al caminar como al escuchar Su Palabra. Tanto al despertar como al dormir, Él se vuelve todo, y todo gira en torno a Él; a quién es Él; a cómo es Él; a por qué hace lo que hace; a sumergirse en Su Grandeza. Él es todo, todo lo que importa. Como el perro que al ver a su amo se alegra y piensa en él todo el día, así es nuestro corazón ahora. No hallamos el momento de poder correr y hablar con Él, y leerlo, saberlo por completo.

La lucha por encontrar gozo en Dios es propia pero también un regalo. Es como un obsequio que alguien te da para que tú lo reclames. No encuentro una definición más exacta. 

Confía

Pero…¿Cómo podemos nosotros recibirlo, reclamarlo y a dónde ir a hacerlo? He encontrado que la respuesta a estas preguntas es empezar por saturarse de Dios a como dé lugar. Una predicación no es suficiente cada domingo, una canción no es suficiente cada día, una oración no basta, una lectura rápida de la Palabra no alcanza. Alcanza el sumergirse en el estudio de la Palabra y leerla hasta entender, y entonces aceptar, y entonces eliminar lo que creías antes, y finalmente transformar, caminar hacia quien ya eres en Cristo.

Orar sabiendo que en nada dependes de ti; que eres tan débil como ninguno; que eres dependiente, insuficiente e incapaz, pero solo en Él puedes ser fuerte, libre y capaz de levantarte en medio de cualquier cárcel o palacio y seguir teniendo el mismo gozo de siempre; sin importar si es de día o de noche, si es blanco o negro, si estás sano o no, si perdiste algo valioso o si lo tienes, si comes algo o sufres hambre, tu gozo es el Señor, -«Este es el día que hizo Jehová – dirás -, nos gozaremos y alegraremos en él -. (Salmo 118:24).

Ríndete

Este es el día que hizo el Señor, esta es la necesidad que puso, esta es la enfermedad que permitió, esta es la forma en la que Él lo quiso, y nos gozamos en ello porque «Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito han sido llamados». (Romanos 8:28).

Si no sabes cuál bien podría ser ese que estás viviendo, corre al siguiente versículo: «Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos». ¡Esto es grandioso! Tu enfermedad, tu dificultad, tu necesidad, tu dolor, todo, todo absolutamente será usado para el mayor bien de todos: Ser hechos conforme a la imagen de Jesús.

Dios es bueno. Dios sabe lo que hace, por qué lo hace y cómo lo hace, y promete una gloria eterna por cada sufrimiento que vivamos en este mundo. Usa lo que al mundo lo mata para a nosotros vivificarnos y hacernos más como a su Hijo, trayendo gloria a este mundo para que más personas vayan a Él conforme a Su Voluntad. Dios sigue siendo bueno cuando todo va bien y cuando todo va mal. Las circunstancias cambian pero no Dios. Dios te sostiene. Dios te sostiene: «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:32). ¿Quién podrá alejarte del amor de Cristo? Nadie podrá hacerlo. No hay tormenta más fuerte que nuestro Señor. No hay problema que se salga de Sus manos, ni enfermedad que no esté bajo Su tierno cuidado.

Descansa

¡ÉL SIGUE SIENDO DIOS! Confía. Ríndete. Descansa. Pero ríndete completo ¡No te guardes nada!, Dios tiene un plan más alto. Estás en las manos de tu creador, de quien mejor te conoce, y de quien mejor sabe qué hacer contigo y en ti. Cobra ánimo, busca al Señor y gózate en su maravilloso plan. Dios tiene un plan mejor, para Su Gloria. Aún cuando no lo puedas entender, un día, no muy lejano, tendrá más sentido del que piensas. Verás cara a cara al Señor y conocerás bajo las alas de quién estuviste. Él es Dios.

No entiendo hoy pero algo sé: Que tú eres bueno, Dios. Que tú me sostienes.

Te recomiendo este libro en tu búsqueda de volver a ese primer amor por Dios:

Cuando no deseo a Dios – John Piper

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